El Bodo/Glimt se colocó en la orilla de los cuartos de final de la Liga de Campeones con una exhibición frente al Sporting, derrotado 3-0 con goles de Fet, Blomberg y Hogh que impulsaron a un equipo que es una máquina de generar futbol, una delicia que brilla con naturalidad en el ecosistema exótico del Ártico.
Hace tiempo que lo del Bodo/Glimt ha dejado de ser una curiosidad. Cada temporada da un paso más hacia delante. Primero, sorprendió en la Liga Conferencia; después, alcanzó las semifinales de la Liga Europa. Y ahora ya roza los cuartos de final en la Liga de Campeones, una barrera que sólo alcanzó un equipo noruego: El Rosenborg en 1997, cuando fue eliminado por el Juventus.
El trabajo de Kjetil Knutsen es espectacular. Sus jugadores juegan como un bloque perfectamente engrasado, con velocidad en las transiciones, dos toques máximo, fluidez, recuperación vertiginosa tras pérdida y, al fin y al cabo, una mecanización de la que presumiría Rinus Michels en su Ajax con Johan Cruyff al mando.
Triunfo ante Sporting de Portugal
Esa firmeza grupal no desapareció ante el Sporting. El Bodo/Glimt venía de ganar cuatro partidos seguidos a tres equipos de las grandes Ligas: Atlético de Madrid, Manchester City e Inter, al que derrotó en dieciseisavos tanto en la ida como en la vuelta.
Evjen, tras un pase filtrado por Hauge, avisó con un mano a mano que salvó Rui Silva. Después, lo intentó sin éxito Berg desde fuera del área. Y al final, tras otro pasazo entre la defensa de Hogh, Vagiannidis derribó a Fet, que transformó el penalti para abrir el marcador.
El Bodo/Glimt disfrutaba. Era como una orquesta perfectamente afinada que aceleraba y desaceleraba cuando quería. Y, antes del descanso, decidió dar otro golpe: pase de Fet desde el costado izquierdo hacia el corazón del área; toque de primeras de Hogh de vuelta hacia la frontal; respuesta de Hauge de nuevo hacia dentro con toque por el camino de Diomande; y Blomberg, ante Rui Silva, gol. Cuatro toques, 2-0 y descanso.
A falta de 20 minutos para el final, Bjortuft abrió con un golpeo exquisito hacia la banda izquierda. Por allí apareció Hauge, que desbordó a su par sin piedad. Su centro, fuerte, lo remató Hogh, que entró como un transatlántico desde atrás para hacer el 3-0 y cerrar el partido.
El Sporting, sin espacios para correr, controlado durante casi todo el choque, no pudo hacer nada más que aplaudir. El Bodo/Glimt firmó un partido incontestable. Nada que objetar a un equipo que no es ninguna sorpresa. Es una realidad que juega, vence, convence y disfruta. Los cuartos, si no hay sorpresa en Portugal, ya tienen dueño y ese no es otro que el combinado noruego.
*Información EFE.

