Hace veinte años, Fabio Cannavaro levantaba la Copa del Mundo en Berlín como capitán de Italia. En el Mundial 2026, su papel es muy distinto, pero la ilusión sigue siendo la misma.
El legendario exdefensor italiano es el encargado de dirigir a Uzbekistán en la primera participación mundialista de la historia de la selección asiática.
La presencia de Cannavaro en los banquillos representa una de las historias más curiosas del torneo. Considerado uno de los mejores defensores de todos los tiempos y el último zaguero en ganar el Balón de Oro, el italiano ha asumido la responsabilidad de liderar a un país que nunca antes había conseguido clasificarse para una Copa del Mundo.
Uzbekistán llega a Norteamérica tras completar una histórica fase de clasificación asiática. La selección uzbeka logró por fin romper una larga serie de intentos fallidos y aseguró un boleto que persiguió durante décadas desde la independencia del país en 1991.
Para Cannavaro, el desafío va mucho más allá de los resultados. Su experiencia como campeón del mundo aporta credibilidad a un grupo joven que afronta un escenario completamente nuevo. El técnico ha insistido durante la preparación en la importancia de competir sin complejos y aprovechar una oportunidad histórica para el futbol uzbeko.
La principal figura del equipo es el defensor Abdukodir Khusanov, que juega en el Manchester City, acompañado por jugadores como Eldor Shomurodov, referente ofensivo y capitán del combinado nacional. Sobre ellos recae buena parte de las esperanzas de una selección que busca sorprender en el Grupo K.
Sin embargo, gran parte de los focos apuntarán inevitablemente hacia su entrenador. Cannavaro conoce mejor que casi nadie la presión de un Mundial. Disputó cuatro Copas del Mundo como futbolista y alcanzó la gloria máxima en Alemania 2006, torneo en el que lideró una de las mejores defensas de la historia reciente.
Ahora, dos décadas después de aquella imagen icónica levantando el trofeo dorado, el italiano persigue una nueva hazaña. Ya no viste la camiseta azul de Italia ni pisa el césped como capitán. Su misión es diferente: ayudar a que Uzbekistán escriba la página más importante de su historia futbolística.


