El fútbol inglés está de luto tras el fallecimiento de Kevin Keegan, una de las figuras más emblemáticas de su historia. El exfutbolista y entrenador, ganador del Balón de Oro en 1978 y 1979, murió a los 75 años a causa de un cáncer, según anunció este lunes su familia. Considerado uno de los grandes referentes del balompié británico, Keegan dejó una huella imborrable tanto por su brillante carrera sobre el terreno de juego como por su posterior trayectoria en los banquillos.
"Con inmensa tristeza anunciamos que Kevin Keegan ha fallecido a la edad de 75", expresaron sus allegados en un comunicado, en el que también revelaron que el exdelantero había estado "luchando" contra el cáncer que le fue diagnosticado a principios de este año. La familia explicó que pasó sus últimos momentos acompañado por su esposa y sus hijas. "Kevin, un doble ganador del Balón de Oro —en 1978 y 1979—, fue un esposo, padre y abuelo muy querido", añadieron, antes de agradecer al "increíble" equipo médico que lo atendió durante su enfermedad por el apoyo brindado.
La historia de Kevin Keegan
Nacido el 14 de febrero de 1951 en Doncaster, Inglaterra, Keegan inició su carrera profesional con el Scunthorpe United, aunque alcanzó la fama con el Liverpool, club con el que conquistó tres títulos de liga, una Copa de Europa, una Copa de la UEFA y diversos trofeos nacionales durante la década de 1970.
Posteriormente brilló en el Hamburgo de Alemania, donde se convirtió en el primer futbolista inglés en ganar dos Balones de Oro de manera consecutiva. También defendió las camisetas del Southampton y del Newcastle United antes de poner fin a su carrera como jugador. Con la selección inglesa disputó 63 partidos y anotó 21 goles.
Tras colgar las botas, Keegan emprendió una exitosa carrera como entrenador. Dirigió al Newcastle United en una de las etapas más recordadas del club por su fútbol ofensivo, además de pasar por el Fulham, el Manchester City y la selección de Inglaterra entre 1999 y 2000. Su pasión, carisma y espíritu competitivo lo convirtieron en una de las personalidades más queridas del fútbol británico. Su fallecimiento marca el adiós de un auténtico ícono del deporte, cuya influencia trascendió generaciones y cuyo legado permanecerá vivo en la historia del fútbol mundial


