El Mundial 2026 está ofreciendo ser una de las ediciones más espectaculares de la historia, con estadios repletos, grandes figuras y una inédita organización compartida entre Estados Unidos, México y Canadá. Sin embargo, más allá de la lucha dentro del terreno de juego, existe un adversario que podría alterar el desarrollo de varios encuentros: las tormentas eléctricas. La experiencia reciente del Mundial de Clubes FIFA 2025 dejó claro que las condiciones climáticas pueden convertirse en un factor determinante en territorio estadounidense.
A diferencia de otros países con tradición futbolística, Estados Unidos cuenta con estrictos protocolos de seguridad para los eventos deportivos al aire libre. La normativa establece que cualquier partido debe suspenderse de inmediato si se detecta actividad eléctrica en un radio aproximado de 13 kilómetros alrededor del estadio. La medida busca proteger tanto a futbolistas como a aficionados y personal involucrado en la organización, reduciendo al máximo el riesgo que representan los rayos durante una tormenta.
Las tormentas, el enemigo silencioso del Mundial 2026
Cuando se activa el protocolo, el encuentro queda paralizado y los jugadores deben dirigirse a los vestuarios, mientras que los espectadores son evacuados hacia áreas seguras dentro del recinto. Todo el procedimiento es comunicado mediante la megafonía del estadio y los canales oficiales del evento. Incluso en escenarios con techo retráctil, la decisión sobre mantenerlo abierto o cerrado dependerá de las condiciones meteorológicas y de las indicaciones de los responsables de la FIFA, aunque el árbitro conservará la última palabra sobre la disputa del partido.
La reanudación tampoco es inmediata. El reglamento exige esperar al menos 30 minutos desde la última descarga eléctrica registrada en las cercanías del estadio. Si durante ese período se produce un nuevo rayo, el conteo vuelve a comenzar desde cero. Como consecuencia, una interrupción puede prolongarse durante varias horas y alterar significativamente la programación de la competición. Por ello, además de los rivales deportivos, las selecciones que participen en el Mundial de 2026 deberán estar preparadas para enfrentarse a un enemigo silencioso e impredecible: las tormentas.


