Cuando Bosnia y Herzegovina salte este viernes al campo para enfrentar a Canadá en el Mundial 2026, millones de aficionados tendrán la mirada puesta en un hombre que se niega a despedirse del futbol. A sus 40 años, Edin Dzeko afronta lo que muchos consideran su último gran capítulo con la selección nacional: un último baile en el escenario más importante del deporte.
El delantero llega a Norteamérica convertido en una leyenda viviente. Según datos oficiales de FIFA, Dzeko es el máximo goleador histórico de Bosnia y Herzegovina con 73 anotaciones y uno de los protagonistas de las dos únicas clasificaciones mundialistas de su país.
Su historia con la selección está ligada a los momentos más importantes del fútbol bosnio. En Brasil 2014, cuando Bosnia disputó su primera Copa del Mundo, Dzeko marcó el gol que abrió el camino hacia la primera y hasta ahora única victoria mundialista del país, un triunfo por 3-1 frente a Irán que permanece en la memoria de los aficionados.
Doce años después, el atacante vuelve a liderar a los Dragones en una nueva aventura mundialista.
El camino de regreso
La clasificación a la Copa del Mundo de 2026 tuvo mucho de épica. Bosnia eliminó primero a Gales y posteriormente a Italia en los repechajes europeos para conseguir apenas su segunda participación mundialista. Dzeko fue determinante durante el proceso clasificatorio y también en los encuentros decisivos que llevaron a su selección a Norteamérica.
FIFA destacó que, incluso después de cumplir 40 años, el delantero continuó mostrando el sacrificio y la intensidad que marcaron toda su carrera. Durante el repechaje frente a Italia jugó lesionado del hombro y siguió liderando a sus compañeros hasta asegurar el boleto mundialista.
El capitán de una generación
Pocas figuras tienen el peso simbólico de Dzeko en Bosnia. El actual seleccionador, Sergej Barbarez, lo incluyó como pieza central de la convocatoria para el Mundial, convirtiéndolo en uno de los dos jugadores que repiten respecto al plantel que estuvo en Brasil 2014.
Su presencia trasciende lo futbolístico. Nacido en Sarajevo, Dzeko creció durante los años de la guerra en Bosnia y ha relatado en diversas ocasiones cómo el fútbol se convirtió en una vía de escape durante uno de los periodos más difíciles de la historia reciente de su país. Esa experiencia lo transformó en un símbolo de resiliencia para varias generaciones de bosnios.
Una despedida aún por escribir
Aunque el propio delantero ha reconocido que nunca imaginó seguir compitiendo al máximo nivel a los 40 años, también ha dejado claro que todavía disfruta cada momento dentro del campo. Su longevidad, explica, se debe a una estricta preparación física y a la experiencia acumulada durante una carrera que lo llevó por algunas de las principales ligas de Europa.
Ahora le espera una nueva oportunidad para ampliar su legado. Bosnia disputará apenas su segundo Mundial y tendrá enfrente a Canadá, Suiza y Catar en la fase de grupos. Para Dzeko, cada partido podría ser el último con la camiseta de su país en una Copa del Mundo.


